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Ventajas de Tener Paciencia

Por Graciela Baugher
La paciencia es la capacidad que posee una persona para tolerar o soportar una determinada situación sin sufrir ansiedad, nerviosismo, intranquilidad, ni perder la calma. Las personas pacientes no suele alterarse o perturbarse durante la espera de alguien o algo, ni arruinan sus objetivos o metas por estar ansiosos o frustrados. La paciencia es considerada un virtud (hábito o disposición de la voluntad para obrar el bien, teniendo conformidad con la razón natural), y su opuesto es la ira.
La persona iracunda es impaciente, sufre de ansiedad, frustración, impotencia, se incomoda o es inconforme con todo lo que no puede controlar; es inquieta, agitada, intranquila, irritable, desesperada, etc.. La ira cuando está fuera de control generalmente se vuelve destructiva y puede conducirnos a muchos problemas en las diferentes áreas de nuestra vida.
Un manera de mejorar nuestra paciencia es aprender a mejorar nuestros impulsos. El querer acelerar el ritmo de los acontecimientos es una distorsión de la mente, es una privación del sentido de balance, ecuanimidad, lucidez y destreza. La impaciencia puede surgir de una manera automática o mecánica de nuestro inconsciente; es un efecto o resultado negativo al percibir erróneamente algunas situaciones. En otras palabras, es una respuesta al temor de que no lograremos lo que se esté haciendo, o el miedo a perderse de algo o no conseguir lo que creemos que necesitamos. Para mejorar nuestra paciencia tenemos que aprender a pensar antes de actuar o hablar, para responder en vez de reaccionar. Tenemos que tener en cuenta a los otros seres humanos, que a su vez tienen sus propios sentimientos, pensamientos, creencias y no podemos por capricho imponer nuestras emociones sobre ellos.
La persona paciente trata a los demás con más respeto y consideración; esta actitud le será devuelta; se convierte en un ser más agradable y, a su vez, se sentirá mejor consigo misma, más satisfecha o plena. La perfección no existe y las personas pacientes los saben, manejan mejor sus errores considerándolos como aprendizaje, no se imponen ideales inalcanzables, no se autocastigan si por alguna razón no logran alcanzar alguna meta. También, aprenden a perdonar sus propios defectos, están dispuestos a cambiarlos y lo hacen con tiempo, sin apresurarse o exigirse demasiado, evitando así la frustración y la impotencia.
La paciencia se logra con la repetición y la disciplina, corrigiendo o evitando los pensamientos negativos y el miedo, aprendiendo a disfrutar el día a día, estando en el “aquí y ahora”, lo cual induce a la tranquilidad y a la calma. Al estar conscientes de nuestra actitud y repetir los cambios positivos con consistencia y perseverancia, a la larga comenzaremos a responder mecánicamente con paciencia. Es bueno cultivar la paciencia por que nos lleva a poder soportar contratiempos y dificultades para conseguir algún bien. Ella implica desprenderse de las expectativas y resignarse a que las cosas sigan su curso normal. La paciencia depende sólo de ti; el autocontrol y la relajación son las claves para no perder la paciencia. “La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte” ( Immanuel Kant, filosofo alemán). “Si he hecho descubrimientos invaluables ha sido más por tener paciencia que cualquier otro talento” (Isaac Newton, matemático y físico).
Graciela G. Baugher, CCHt. 303-775-9060. www.gracielabaugher.com

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