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Un Antídoto Contra el Miedo

Por Luisa Fernanda Montero

Las comunidades hispanas en Estados Unidos han sido víctimas de varias formas de
discriminación. Discriminación por raza, por color, por origen, por lengua, por estatus. Sabemos muy bien lo que es ser discriminado y aunque no es raro que las víctimas se vuelvan victimarios, no podemos, bajo ninguna circunstancia, darle continuidad al ciclo y convertirnos en discriminadores.
No podemos ignorar la existencia de los violentos, pero el mejor homenaje que podemos
hacerles es rendirnos ante el miedo que quieren propagar, y la discriminación es descendiente del miedo.
Al miedo le debe la humanidad muchas de sus desgracias más lamentables y el género humano suele temer a aquello que desconoce. Por eso, para combatir el miedo debemos abrirle las puertas al conocimiento.
Hemos sido testigos de cómo la ignorancia de muchos americanos les hace creer, entre otras falsedades, que todo el que habla español es mexicano o que todos los inmigrantes somos parásitos de su economía o, simplemente, que todos los musulmanes son terroristas. El problema es que la ignorancia, la intolerancia y la soberbia desencadenan guerras. Por eso no podemos emular las mismas conductas que nos han victimizado. No podemos permitir que la más terrorífica de las armas -el miedo- haga blanco en nosotros.
El miedo es capaz de aniquilar los más nobles sentimientos que pueda albergar nuestro corazón, o como lo dijo, hace mucho, mucho tiempo, el teólogo cristiano Tomás de Aquino: “el miedo es una emoción humana tan poderosa que cuando permitimos que se apodere de nosotros, saca la compasión de nuestros corazones”.
¿Que puede esperarse de un corazón donde no anide la compasión?
¿Había acaso compasión en los corazones de los nazis que incineraron miles y miles de seres humanos?
¿Había compasión en las huestes de la inquisición que torturaron y condenaron a miles de inocentes?
¿La hubo en Salem cuando la cacería de brujas se ensañó con la ciudad o en aquellos que arrasaron con las comunidades nativas de todo el continente?
Por estos días, a propósito de los hechos ocurridos en París y Mali y de las amenazas de las que han sido víctimas ciudades como Nueva York, Washington y Londres, ciudadanos musulmanes y refugiados sirios residentes en Estados Unidos están en la mira. A propósito de ello, el líder demócrata del Senado, Harry Reid, recordó que es imperativo no perder de vista los principios básicos de nuestra nación. Principios, que recordó, están grabados elocuentemente en la base de la Estatua de la Libertad:
“Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres, vuestras hacinadas multitudes anhelantes de respirar en libertad, el desdichado desecho de vuestra rebosante playa. Envía a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades a mí”.
Nosotros, los que hemos sido amparados por este principio debemos tener muy claro que aunque no podemos ignorar a los violentos, debemos saber muy bien quiénes son y detenernos a reflexionar cada vez que el miedo nos quiera convertir en aquello que muy seguramente no queremos ser.
Un Servicio de La Red Hispana

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