Sin pan, Pero con Circo

Por Andrés R. Helguera
Acabó el ensayo premundialista llamado Confederaciones, con el triunfo sin “jogo bonito”, pero efectivo y merecido de Brasil ante España y que abre las expectativas de lo que puede llegar a hacer Neymar en el Barcelona; sin embargo, no podemos dejar pasar las multitudinarias protestas de los brasileños ante el gigantismo para preparar este tipo de eventos; y razón no les falta.
Cierto es que la Copa del Mundo o los Juegos Olímpicos son maravillosos, pero la carga económica que exigen tanto la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) como el Comité Olímpico Internacional (COI) a los países organizadores sobrepasan por mucho el absurdo, quizá no tanto como las declaraciones de la postura del presidente de la FIFA, Joseph Blatter, quien se aventó la puntada bipolar de afirmar que se estaban vinculando las protestas con la Copa Confederaciones: “Entiendo que la gente no esté contenta, pero no deben usar el futbol para que escuchen sus exigencias”. Sabemos que al palacio de Zurich donde habita el jerarca del futbol mundial las noticias de lo que pueden provocar sus organizaciones multimillonarias lo tienen sin cuidado, mientras sus patrocinadores y él estén contentos, no hay protestas que valgan.
También es cierto que el Mundial no se le impone a un país; el gobierno de Brasil pidió la organización, pero eso no los exime de que, asimismo, una gran parte de esa nación cree que lo que se gasta en ello se necesita más en áreas como la educación, la seguridad, la atención sanitaria y miles de rubros que pasan lista antes que el deporte.
Los tiempos en que bastaba con prestar los estadios locales para realizar un Mundial acabaron hace un titipuchal; que no se hagan los locos los de FIFA; para dar el evento a alguien demandan estadios nuevos, desde cero; que el gobierno en turno se ponga y le ponga pasillos de oropel y, además, que los abaniquen a su llegada cual modernos faraones; una vez terminado el Mundial, Blatter y su séquito se regresan a Zurich, terminan los mandatos del presidente en turno y se va presumiendo que trajo el Mundial a su país, pero el que se queda es el pueblo, con el endeudamiento atroz que incluso puede acarrear una crisis económica sin precedentes (pregúntenle a Grecia cómo le ha ido después de organizar los Juegos Olímpicos en 2004 o a Montreal, que los organizó en 1976, y que apenas en 2006 pudo cerrar ese capítulo).
La pregunta entonces sería por qué desear un evento como estos si finalmente no dejarán nada; bueno (al menos económicamente) a la ciudad sede; la respuesta, por simplista que parezca, se transforma en beneficio político; todos los ojos del mundo están puestos en dicha ciudad; es una demostración de organización política que enmarca un evento importante, que se está listo para grandes cosas; sin embargo, como todas las modas, acaba pronto y sólo queda el momento de recoger la basura y la infraestructura queda en el olvido (investiguen qué ha pasado con el fantástico “Cubo de Agua” de Beijing 2008).
No nos confundamos; mi postura no es que no se realicen los Juegos Olímpicos o el Mundial de Futbol o el campeonato de canicas; todos se disfrutan, pero se deberían revisar las exigencias de estos señores para no necesitar un país del futuro cuando se deben resolver las cosas del presente.
Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeiliar” a: arhg68@gmail.com; prometo responder a todo aquel que se tome el tiempo de hacerlo.

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