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Obama: “A la Reja con Todo y Chivas”

Por Concepción Badillo

WASHINGTON, D.C..- Pretendiendo aliviar y reducir la sobrepoblación penitenciaria de los Estados Unidos, el país con más presos en todo el mundo, el gobierno ha decidido poner en libertad este mes a cerca de seis mil reos, en su mayoría personas que en las últimas tres décadas recibieron sentencias demasiado duras por delitos menores relacionados con drogas. Un tercio de ellos extranjeros que serán inmediatamente deportados a sus lugares de origen.
Estos seis mil, que están siendo puestos en libertad en el plazo comprendido entre el 3 de octubre y el 2 de noviembre, son, sin embargo, sólo el inicio de un proceso con el que se espera eventualmente quedarán libres 46 mil internos, de los más de 500 mil que están tras las rejas por delitos contra la salud. Esto demuestra que por fin se está admitiendo que la encarcelación masiva no ha sido, no es y no será la solución al grave problema de drogadicción que se vive aquí.
Y es que el gran aumento de drogadictos en la década de los 80, cuando el famoso “crack” se hizo tan popular, tuvo como respuesta de las autoridades sentencias extremas bajo las cuales cualquier delito relacionado con droga implicaba cárcel y aquellos que reincidían a la tercera vez recibían castigos que iban de dos décadas a cadena perpetua.
Y droga o no, 26 estados tienen penas muy severas para aquellos que cometen tres delitos, sean graves y violentos o simples robos de una pizza o una bicicleta. En California, por ejemplo, al tercer delito el delicuente es sentenciado a 25 años como mínimo, por pequeña que sea su falta. Ahí, en un caso muy sonado, Leandro Andrade en tres ocasiones se llevó sin pagar videos infantiles, incluyendo Cenicienta, Blanca Nieves y Liberen a Willy, para regalar a sus sobrinas, por un total de $154 dólares. Ahora no tiene posibilidad alguna de salir bajo fianza antes de 2046, cuando tenga 86 años de edad.
La justicia en este país es mucho menos complaciente y mucho más dura que en cualquer otra nación con niveles socio-económicos similares. Hay aquí 2.26 millones de personas tras las rejas, es decir, uno de cada 31 adultos esta en prisión, la mitad por delitos de droga. De estos, el 50 por ciento son afroamericanos, 35 por ciento latinos y 15 por ciento de raza blanca.
El número de personas en la cárcel es mucho mayor que en ningún otro país, incluyendo  Rusia y China. Cinco veces más grande que en Gran Bretaña y nueve veces más que en Alemania. Estados Unidos tiene el cinco por ciento de la población mundial, pero cuenta con el 25 por ciento de los reos de todo el mundo y un nivel de encarcelación cinco veces más alto que el resto del planeta. Nunca antes en el mundo civilizado se encerró a tanta gente.
Pero el alto número de personas en prisión no es porque los 325 millones de estadounidenses sean más malos que el resto de los terrestres, sino porque su sistema judicial se ha ido por el lado equivocado, llenando las cárceles, no con asesinos o violadores, sino con quienes usan drogas. No en balde este país está en primer lugar de una lista de 17 donde más estupefacientes se consumen, creando una gran industria ilícita que ha contribuido a la saturación de prisiones y obligado a que se destinen recursos policíacos que podrían emplearse en la captura de los grandes capos y otros criminales.
En la actualidad hay un movimiento nuevo, en el que algunos liberales y conservadores se han unido para exigir y tratar de encontrar nuevas maneras de rehabilitación y de castigo, para quienes cometen delitos leves, sin encerrarlos para siempre, con pocas posibilidades de una segunda oportunidad y costándole al erario cerca de 80 mil millones de dólares al año.
Juristas críticos del sistema sostienen que se envía demasiada gente a prisión por largo tiempo. Otros argumentan que funciona y que gracias a eso los malhechores están en la cárcel o tienen miedo de delinquir y terminar en ella. El debate continúa.
El presidente Obama, quien pretende que una reforma penitenciaria sea el legado de su administración, en su libro autobiográfico cándidamente relata que de joven, cuando estaba deprimido “un poco de mota ayudaba, o quizás un soplidito (cocaína) si había dinero para costearla”. Menos mal que nunca lo agarraron. Actualmente quienes son arrestados con droga quedan fichados para siempre, se les niegan oportunidades educativas, es difícil que consigan vivienda, no pueden votar y es casi imposible que obtengan un empleo, mucho menos la presidencia. El quiere cambiar eso, pero nadie espera que las celdas se vaciarán de un día para otro.
twitter@Conce54

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