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Nohemí y los Terroristas

Por Concepción Badillo
WASHINGTON, D.C..- Era una cálida noche de otoño, además viernes y nada menos que en París, por lo que Nohemí González se encontraba con tres amigos en un pequeño restaurante llamado La Belle Equipe, en la Rue de Charonne, cuando de repente hombres armados empezaron a disparar desde un automóvil negro y le dieron muerte a ella y a 19 personas más, dejando gravemente heridos a otros nueve.
Nohemí tenía 23 años, la primera generación de su familia nacida en este país, creció en Whittier, California y se proclamaba orgullosamente México-Americana. Francia era su primer viaje al extranjero, seguía un curso de diseño, como parte del intercambio universitario que alienta a los jóvenes a pasar un semestre en otro país. De acuerdo a sus amigos y familiares, estaba sumamente entusiasmada con la experiencia.
Hija de Beatríz Gonzáles, una madre inmigrante mexicana, empleada de una barbería, quien la educó y la hizo independiente, por lo que en la actualidad Nohemí se mantenía  sola y costeaba su educación trabajando en la tienda de ropa Armani Exchange en Los Cerritos. Había llegado a París en septiembre, el sueño de estudiar en Europa se le cumplía, desgraciadamente no por mucho tiempo.
Ella, al igual que otras 128 personas inocentes, murieron en los ataques terroristas que el grupo terrorista Estado Islámico, mejor conocido como ISIS por sus siglas en inglés, desató sobre la capital francesa el pasado día 13, dejando al resto del mundo con sentimientos de incredulidad, miedo, asombro, indignación e impotencia.
Y es que el Estado Islámico cada día está más fuerte y parece más temido que otras organizaciones extremistas que constituyen una terrible amenaza universal. De ser un grupo fundamentalista mas, integrado por miembros de células terroristas en extinción, ha pasado a ser el grupo militante más peligrosos, temido y poderoso del planeta.
Su líder, Abu Bakr al Baghdadi, es un hombre de 44 años que sólo ha aparecido en cámara una vez desde 2010, que viste traje occidental y corbata y, según CNN, podría pasar por cualquier burócrata de nivel medio. Pero según su biografía publicada en sitios de internet dedicados a reclutar seguidores, tiene un doctorado en estudios islámicos y pasó cuatro años en una prisión para insurgentes de las fuerzas estadounidenses en Irak, donde hizo contactos y fortaleció su idiología radical.
Los analistas aseguran que el Estado Islámico floreció gracias a la guerra civil en Siria y al vacío de poder y las armas que dejaron las fuerzas del Pentágono al abandonar Irak. El grupo ignora completamente las fronteras internacionales y controla miles de kilómetros de territorio que las autoridades han abandonado. Su mayor logro es sin duda la captura en junio de 2014 de Mosúl, la segunda ciudad iraquí en importancia, un hecho con el que sorprendió no sólo a Washington sino a todo el mundo.
Su objetivo es crear un gobierno islámico universal donde prevalezca la ley Sharia, una interpretación estricta muy particular del Islam, no sólo en la religión sino en todos los aspectos de la vida, lo que atrae a muchos de sus fanáticos. De hecho, en los pueblos que controla las niñas están separadas de los varones, las mujeres son obligadas a estar totalmente cubiertas, se ha prohibido la música en todas sus expresiones y las cortes imparten una justicia medieval.
No se sabe a ciencia cierta quién los financia, pero dinero no les falta; de ahí su poder y peligrosidad. Muchos de sus fondos provienen de rescates pagados por gobiernos europeos, extorsiones, amenazas, robos a bancos y tiendas que manejan oro y piedras preciosas. Han vendido piezas arqueológicas de sitios históricos famosos y trafican con petróleo.
Clave para la fuerza que el grupo ha adquirido es que ha sabido canalizar el resentimiento de los hombres de la región maltratados y dejados a un lado por sus gobiernos. Los expertos admiten que parte de su éxito es que han llevado cierto bienestar social, brindan servicios médicos y distribuyen alimentos en poblaciones que estaban totalmente marginadas y abandonadas por sus líderes. Pero eso no les quita lo brutal ni lo criminal.
En cuanto a Nohemí, su cuerpo aún no ha sido repatriado, sus amigos están tratando de recaudar fondos para ayudar a su familia con el funeral. Mientras tanto, no se sabe cómo ni cuándo logrará el mundo acabar con estos terroristas que, desafiantes, han ya amenazado con que el próximo ataque será en la capital estadounidense.
twitter@Conce54

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