No Oigan… ¡Escuchen!

Por Andrés R. Helguera
La adolescencia es una etapa dura y difícil para la gran mayoría de nosotros y ni qué decir para nuestros padres; ese chip de la rebeldía se dispara cual bala perdida en Tamaulipas y puede caerle a cualquiera y sin responsabilidad de nadie. Cualquier consejo nos venía guango y no se ajustaba a nuestra independencia mental… lo sabíamos todo.
En ocasiones, los regaños, reclamos o incluso pláticas bien intencionadas de los padres terminaban en el muro que construíamos en nuestros oídos (en algunos casos era simplemente la cera acumulada en ellos); es decir, oíamos, no escuchábamos. Con el tiempo, algunos aprendimos a dar el paso de oír a escuchar, pero otros le agarraron a esta técnica una querencia más allá de lo normal.
Mientras nuestros padres decían: “lo digo por tu bien, creo que…”, nosotros oíamos: “bla, bla, bla…” para décadas después entender (no todo, que conste) algunas de las razones. Es cierto, no siempre tenían razón, pero nada mal nos hubiera hecho escuchar; así hubiéramos aprendido a ser tolerantes, a reconocer errores propios y a defender algunas de nuestras causas; es decir, a practicar el diálogo.
Lástima que esto no ocurra con mucha frecuencia; crecimos creyendo que nuestro transitar por la vida es inmaculado; no hay errores, el monólogo es lo propicio para sobrevivir y si me hacen ver un error es que me están atacando sin motivo; todo lo que hago está chévere; decir “lo siento, me equivoqué”, está vedado, es tabú… y se aguantan.
La marcha por la paz (y se siguen sumando) del fin de semana en México fue otra ocasión para que el país (en su totalidad, no fraccionado) nos escuchara, para señalar que no estamos bien en muchos aspectos, pero que se apela aún a la razón de que se puede remediar; es con lo que podemos contribuir.
Los que se sintieron aludidos nuevamente reaccionaron como lo berrinchudos que son. Se pidió que si había muestras de que nos estuvieran escuchando, debería renunciar Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública federal, encargado de no hacer nada hasta el momento por la seguridad del país. La respuesta fue simple y tajante: “no”, porque “ha sido un bastión en esta lucha y bla, bla, bla…”; es decir; los oigo, pero no los escucho.
Una renuncia no arregla nada, lo sabemos, porque al siguiente día colocarán a otro de igual medida, pero sería un indicio a la población de que su gobierno está de su parte, de que realmente le preocupa el estado actual del país.
La siguiente movida federal fue decir que convocará a las organizaciones ciudadanas y activistas para “abrir un diálogo” y encontrar soluciones. ¿Otra vez? ¿Cuántas reuniones o comisiones necesitan para entender la situación y lo que se exige que hagan? ¿De verdad es necesario que nosotros les digamos qué está pasando y lo que deben hacer? ¿Hasta cuándo la política mexicana y sus inefables integrantes dejarán por fin la adolescencia? Si no se han dado cuenta, el bla, bla, bla con el que responden a todo es lo que más molesta; y hay que entenderlo, ustedes no son nuestros padres; ya maduren y asuman las responsabilidades a las que ustedes mismos se comprometieron; cumplan, no pedimos más, porque de atole ya estamos hasta la… coronilla.
Cuallquier comentario o vituperio lo pueden “emeilar” a arhg68@gmail.com. Prometo responder a todo faltista que se tome el tiempo de hacerlo.

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