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¿Morirá la Pena de Muerte?

Por Concepción Badillo

WASHINGTON, D.C..- La pena de muerte es inhumana, es cruel, es cara; más que castigo o justicia es tortura y no frena ni asusta a los criminales, sostienen quienes están en contra. Los que la apoyan argumentan que es merecida, que el que la hace debe pagarla y que no hay por qué tener misericordia con aquellos asesinos que no tuvieron compasión alguna por sus víctimas.
El debate no es nuevo en Estados Unidos, la única democracia en el mundo que aún tiene esta practica, pero ha cobrado fuerza en los últimos días respaldado por medios como The New York Times y The Economist, que ven cercano el día de su abolición. Sin embargo, se estima que todavía un 62 por ciento de la población la aprueba, aunque está ya prohibida en 18 estados y el Distrito de Columbia, que la consideran discriminatoria y desproporcionadamente en contra de los pobres y las minorías.
De hecho, en 2015 se dictaron 49 sentencias de muerte en todo el país, pero sólo se llevaron a cabo 28 ejecuciones, el número más bajo en décadas y fueron prácticamente en tres estados: Texas, Georgia y Missouri. Aún así, hay en la lista de espera 2,984 personas, la mayoría en California, donde sin embargo no se ha ejecutado a nadie desde 2006.
El presidente Obama piensa que la pena de muerte es apropiada en ciertos casos y circunstancias, sobre todo cuando las víctimas son niños. De los aspirantes a sucederlo todos los republicanos la apoyan con excepción de Jeb Bush, que cuando gobernador de Florida permitió 21 ejecuciones, pero hoy dice que le aflige. De los demócratas, Bernie Sanders está totalmente en contra, mientras Hillary Clinton admite que se sentiría aliviada con su desaparición.
Con dos tercios de los ciudadanos a favor, hasta hace muy poco los políticos que aspiraban a puestos de elección tenían buen cuidado en no mostrar oposición. De hecho, desde que Bill Clinton viajó como candidato a la presidencia en 1992 a Arkansas para presenciar la ejecución de Rick Ray Rector, un doble asesino que estaba fuera de sus facultades mentales y que decidió guardar el postre de su última cena para disfrutarlo más tarde, la Suprema Corte de Justicia ha prohibido que la pena se apliqué a enfermos mentales y menores de edad.
En la mala compañía están países como China, Irán, Arabia Saudita, Irak, Paquistán, Yemen y Corea del Norte. Aquí, el método de ejecución más común es la inyección letal, pero laboratorios europeos que fabrican la sustancia se están negando a proveerla para ese fin. Una prueba más de que en el mundo occidental esta nación se está quedando sola.
El método actual consiste en un coctel de tres substancias que supuestamente sedan al reo y paralizan su corazón, pero algunos científicos sostienen que causa una muerte dolorosa y lenta. Hay sin embargo quienes ven en esto una muerte demasiado gentil y están pidiendo que se utilicen escuadrones de fusilamiento o la guillotina. Dicen que debe ser ojo por ojo y diente por diente y ejemplo para futuros asesinos.
Sus opositores sostienen que matar a un asesino no le devuelve la vida a nadie y que abundan casos donde se condena a morir a personas inocentes. Tan sólo de 1973 a la fecha, 133 reos sentenciados a muerte han tenido que ser dejados libres cuando finalmente se comprobó que no eran culpables. Otros alegan el precio. Cada condenado le cuesta al gobierno cerca de cinco millones de dólares, ya que asume los gastos de ambas partes durante el largo proceso de investigación y apelaciones.
Antes de la ejecución se les da oportunidad de decir sus últimas palabras para que se despidan de su familia o se disculpen ante la de sus víctimas. Macabro, pero se les pide que escojan su menú de despedida. Algo que el gobierno hace para parecer humano y complaciente. Una práctica que Texas, donde más ejecuciones se realizan, dejó ya a un lado luego de que un condenado a muerte ordenó un banquete abundante y caro que después ni probó.
En todo caso, se cree que está llegando la hora de que Estados Unidos se una al resto del mundo civilizado y termine con la práctica. Difícil de entender cómo en pleno siglo XXI el país más avanzado del mundo tiene un sistema de justicia que ordena que un hombre mate a otro. Nada más falta que también le corten las manos a los ladrones o atropellen con un auto a quien conduce en estado de ebriedad.
twitter@Conce54

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