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La Marihuana ¿Medicina, Recreación o Política?

Por Concepción Badillo

WASHINGTON, D.C..- ¿Será que el debate sobre la legalización de la marihuana en este país se convertirá en el tema dominante en las campañas de quienes aspiran a la Casa Blanca, de la misma manera que lo fue el matrimonio homosexual en las elecciones pasadas? Lo más seguro es que no, al menos no entre los republicanos, pero la historia nos dice que cuando una opinión entre la ciudadanía empieza a cambiar, los políticos cambian también.
Sin embargo lo más seguro es que “primarias de mota” no habrá. Si acaso se discutirán alternativas para disminuír los castigos para quienes poseen la hierba, pero otro cuento será cuando la carrera sea entre quienes resulten candidatos formales de sus partidos; entonces se espera que la discusión en torno a la despenalización de la cannabis ocupe grandes espacios, sobre todo en el campo demócrata.
Y no es que los conservadores no quieran atraer votantes de entre la inmensa mayoría que está a favor de la legalización, sino que su electorado está compuesto de simpatizantes de más edad, más blancos, más rurales, más sureños y mucho más religiosos y opuestos a los cambios y no habrá ningún candidato republicano dispuesto a contradecirlos.
Aun así, a pesar de la polémica que se espera pocos ven cerca el día en que la marihuana sea legal. El mismo presidente Barack Obama, quien admite que de joven la fumó, está en contra. Sobre este asunto, un paso significativo fue el dramático cambio en la línea editorial del diario The New York Times, el más influyente del país, que meses atrás sorprendió a todos cuando se declaró a favor, comparando su prohibición con los años en que beber alcohol era considerado un delito.
En Estados Unidos la aceptación social hacia esta droga crece cada día, mientras que la demanda es cada vez mayor, estimándose que al menos cien millones de estadounidenses la han probado y quince millones la utilizan regularmente con fines medicinales o de recreación. Es, sin duda, la droga más usada después del alcohol y el tabaco.
Abundan quienes ven similitud con lo que sucedía con las bebidas alcohólicas, cuya prohibición, de 1920 a 1933, sobrepobló las cárceles, alimentó la corrupción y a los “Al Capones”, pero no produjo abstemios. Quienes están a favor de que se legalice sostienen que así como el gobierno regula la venta, producción y transportación de bebidas y hace campañas para su uso responsable, igual debería hacerlo con esta droga.
La marihuana fue decretada sustancia prohibida en 1937. En estos 78 años su uso se ha incrementado en cuatro mil por ciento, colocando a este país, en el primer lugar de una lista de las 17 naciones donde más se consume. Esto ha creado una gran industria ilícita que ha contribuido a la saturación de las cárceles y obligado a que se destinen recursos policíacos que de otra manera se emplearían en la captura de los grandes capos y de asesinos y violadores. Según cifras oficiales, cada 38 segundos se arresta a alguien por poseerla, siendo la mayoría afroamericanos, a pesar de que los de raza blanca la usan por igual.
La despenalización de la marihuana se promueve aquí como una extensión de las libertades civiles que permiten a cada persona decidir si quiere usarla o no, pero su argumento más fuerte es el económico, ya que el levantamiento de la Ley Seca mucho ayudó a salir de la Gran Depresión. Actualmente, en 23 estados se permite para fines medicinales y en Oregon, Washington y Colorado su uso recreativo es legal y paga impuestos. En esta capital se puede fumar en la privacidad y comodidad del hogar. Hacerlo en público continúa siendo un delito, igual que lo es beber alcohol fuera de los establecimientos autorizados.
Quienes se oponen a la legalización sostienen que es equivocado pensar que la marihuana es diversión y libertad. Aseguran que lo que esta droga trae es dependencia y enfermedades. Quizás tienen razón. Pero tal vez no afecta a todos por igual, ya que además de Obama, entre otros que han admitido haberla usado están los ex presidentes Bill Clinton y George W Bush; el juez de la Suprema Corte, Clarence Thomas; el ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg y el Secretario de Estado, John Kerry. Que se sepa, ninguno de ellos es adicto, está enfermo o no puede funcionar.
twitter@Conce54

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