<!--:es-->La Esperanza<!--:-->

La Esperanza

Por Graciela Baugher

La esperanza es la plena certeza y convicción de que puedes y vas a lograr una meta. Si tenemos esperanza aumentamos la seguridad y la confianza en nosotros mismos de que las cosas pueden mejorar, cambiar y que las podemos alcanzar. Detrás de cada esperanza existe una promesa y una actitud de optimismo o motivación.
Cuando cultivas la esperanza y el optimismo (estado anímico que da aliento, confianza y brío) evitas o derrotas la impotencia (quiero cambiar las cosas y no puedo), la depresión y todo sentimiento de inutilidad, asumiendo tus derrotas o fracasos como experiencias de vida o lecciones y poniendo a la vista un futuro mejor.
Cuando se pierde la esperanza se pierde la confianza firme que alguien tiene hacia otro individuo o en alguna cuestión. Desde la infancia un niño puede aprender a desconfiar y proyectar en el futuro esta falta de confianza y esperanza en diversas áreas de su vida. Si un niño vive en un medio de violencia o abusos (físico, verbal, emocional o sexual) se siente indefenso, inseguro, temeroso, miedoso, sin poder defenderse ante la amenaza real o irreal inventada por otro. Si lo engañan prometiéndole cosas que nunca cumplen, aprenderá a no creer en otros y a la larga puede convertirse en un ser pesimista y desesperanzado, que ve la vida con muchas limitaciones y problemas.
La falta de esperanza y optimismo puede traer como consecuencia un estado depresivo. La persona deprimida tiene pensamientos angustiantes, negativos y autodestructivos respecto a sí misma (autoagresión), al mundo que le rodea y respecto al futuro que le espera. Estos pensamientos no suelen ser totalmente conscientes y se producen de una forma automática o inconsciente, sin intervención de la voluntad. El deprimido se considera débil, desgraciado, frustrado, rechazado, castigado, atrapado y mira al futuro sin esperanza. Ve su vida más negativa de lo que en realidad es, se siente derrotado socialmente y pierde la visión del futuro por falta de motivación y optimismo (“veo todo negro”). La imposibilidad de ver un futuro feliz o agradable lleva a la perdida de la esperanza. La baja autoestima y desconfianza en sí mismo y en otros es otro factor importante en la pérdida de la esperanza, ya que genera una sensación de angustia, impotencia, inseguridad, soledad y desamparo.
Usted puede cultivar o aumentar la esperanza y la confianza en sí mismo: – piense positivo sobre los demás, no los juzgue o malinterprete sus intenciones. – mantenga una actitud abierta. – desarrolle su autoestima, aprenda a confiar en usted mismo primero. – cultive relaciones y habilidades sociales. – trabaje sus conflictos no resueltos del pasado. – cambie y racionalice su “dialogo interno” (cómo piensa sobre sí mismo), cambie sus creencias irracionales de que “todos son malos” o que lo engañan. – cultive el amor incondicional hacia los demás. – no se rechace a sí mimo ni crea que lo rechazan. – busque ayuda con especialista de la salud mental, para que lo ayude a resolver sus traumas del pasado. – no le tenga miedo a los cambios. – evite el quejarse o ser inconforme con su vida; todo puede tener solución.
Llene su vida de esperanza y optimismo y mantenga siempre una visión positiva de sí mismo y del futuro. Como dirían nuestros abuelos: “La esperanza es lo ultimo que se pierde”. Graciela Baugher, CCHt. 303-775-9060. www.gracielabaugher.com

Share