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Justos por Pecadores

Por Andrés R. Helguera

MEXICO, D.F..- De acuerdo con las definiciones tajantes, los seres vivos que disponen de movilidad propia y que forman parte del reino Animalia reciben por ende el nombre de “animales”. En este inmenso grupo está la especie Homo sapiens (los humanos) y para trazar una diferenciación, suele entenderse por “animal” a las especies que, de acuerdo con los científicos, carecen de raciocinio, dejando fuera a los humanos. Ahora, se dice que “animal salvaje” es el que vive en libertad, ya sea sobre la superficie terrestre, en el agua o con la capacidad de volar, denominación que se refiere a las especies que no han sido domesticadas; sin embargo, encuentro en esta división bien intencionada pero simplista, ciertos huecos que deben llenarse.
Después de los recientes acontecimientos terroristas en Beirut, París y Siria, no cabe duda que hay desafortunadamente un elevado número de humanos que tendrían que estar clasificados como salvajes, no domesticados e inhumanos. Es triste ver que las redes sociales polarizan tragedias como las ocurridas ya a cada rato, todos los días y de calibres distintos, pero con finalidades iguales para decantarse de un lado o del otro, desde los infames aplausos hasta las condenas por los atentados a Beirut y París y el señalamiento a todo un grupo o tratando de equiparar acciones y lugares; perdón, pero a mí me importa un soberano pepino si estos actos cobardes son en Nueva York, Beirut, París, Damasco, Beijing, Yaundé, Morelia o la ciudad o poblado que piensen; el salvajismo y nulo raciocinio del terrorismo es el mismo; me importan poco menos los “argumentos” que puedan dar estos grupos; nada, absolutamente nada justifica las masacres de personas cuyo único pecado haya sido salir a tomar un café después del trabajo, acudir a un concierto, ir al mercado, ir a trabajar o estar en una fiesta. No imagino cómo se puede pensar en una “victoria” el que hayan asesinado a otros civiles; y no sólo estoy hablando del Estado Islámico, sino de cualquier acto militar o no que tenga como saldo la muerte de alguna persona ajena a los conflictos bélicos, políticos, sociales o cualesquiera, por bombardeos, ataques con drones; ni siquiera esos “errores” con fuego amigo.
El conflicto en Siria tiene múltiples vertientes e intereses y necesitaríamos una extensa serie para tratar de dilucidarlo. En medio de esa guerra hay millones de personas inocentes que lo único que intentan es salvar la vida emigrando a países desconocidos y, en general, la comunidad internacional ha reaccionado acorde; sin embargo, aprovechando la migración de sirios desesperados se infiltraron estos terroristas para llevar a cabo sus atrocidades; ahora las naciones europeas han cerrado sus fronteras y, desafortunada e injustificadamente, todo sirio será visto con sospecha, señalado como criminal; justos por pecadores; no confundamos, el Estado Islámico, no es el Islam, como en su momento ni las Cruzadas o la Inquisición eran el catolicismo; esa perorata de que “Dios está de nuestro lado” es sólo para justificar actos tan viles. Ningún Dios, llámese como se llame por cualquier religión o interpretación, se alegra por tal salvajismo.

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