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¿Importa Realmente el Resultado de Iowa?

Por Concepción Badillo
WASHINGTON, D.C..- Iowa, Iowa, Iowa, el circo y la especulación que despertó por fin han quedado atrás. Ya no oíamos de otra cosa; no en balde es ahí donde realmente arranca la larga carrera hacia la Casa Blanca. Es la democracia en su máxima expresión, es donde empieza a revelarse quién tiene posibilidades reales y quien mejor se va a descansar. Pero nada de lo que sale de ahí es definitivo y hay muchas dudas sobre si realmente importan a largo plazo sus resultados.
Y es que después de todo Iowa no es un lugar muy representativo del Estados Unidos del  siglo 21. Es una entidad agrícola bastante rural donde la mayoría de la gente es de raza blanca (92 por ciento comparado con 77 en el resto del país). Descendientes de alemanes y escandinavos, la mayoría de ellos conservadores y cristianos. Es además uno de sólo otros diez estados donde no se celebran elecciones primarias propiamente dichas, sino asambleas electorales. Aún así y pese a todas las críticas hacia ese proceso, lo que sale de ahí cada cuatro años el 1 de febrero, importa, porque es la primera prueba real que tienen los precandidatos luego de muchos meses de haber iniciado sus campañas. Aquí siguen soñando o despiertan a la realidad.
Mientras en otros cuarenta estados la gente acude a emitir su voto secreto en una casilla electoral, en Iowa los votos se emiten abiertamente en reuniones comunitarias que se llevan a cabo en hora fija, generalmente a las siete de la noche y lo hacen levantando la mano o dividiéndose en grupos de acuerdo al candidato que apoyan, seleccionando a la vez el delegado que votará por ellos en la convención estatal.
Los republicanos tienen la opción de votar en secreto, pero en el caso de los demócratas deben expresan su decisión públicamente durante la asamblea, poniéndose de pie para dar a conocer su predilección. Los resultados finales no constituyen el porcentaje de los votos que cada aspirante recibió, sino el número de delegados que obtuvo con la votación. Un sistema complicado y anticuado que además no brinda a todos la oportunidad de participar, ya que no hay casillas abiertas todo el día, sino que el tiempo se limita a una o dos horas y aquellos no muy identificados con un partido y sus líderes locales se sienten intimidados para asistir.
Pero no sólo algunos ciudadanos ordinarios sienten animadversión hacia el proceso en Iowa; es sabido que políticos como Hillary y Bill Clinton tampoco son entusiastas; después de todo ya en 2008 ella quedó ahí en tercer sitio rebasada por un entonces poco conocido Barack Obama y por el ex senador John Edwards. Además, para los liberales la falta de diversidad racial de la entidad es un problema, ya que las minorías tienden a votar demócrata. En todo caso, este lunes, luego de un empate que se prolongó por horas, Hillary ganó, pero Iowa convirtió a Bernie Sanders es un peligroso contrincante.
Que Iowa importa, ¡importa! Ya por lo pronto hizo que desistieran de su candidatura el demócrata Martin O’Malley ex gobernador de Maryland y los republicanos Mike Huckabee y Rand Paul. Se espera que en los próximos días anuncien su retiro de la contienda Rick Santorum, Carly Fiorina, Ben Carson y quizás hasta Chris Christie. El resto se encamina robustecido o con graves dudas a la votación de New Hampshire, otro estado relativamente pequeño pero que el 9 de febrero será igualmente decisivo. No obstante, sólo dos ganadores de las asambleas electorales de Iowa han llegado a ser los nominados de su partido, los republicanos Bob Dole, en 1996, y George W Bush, en 2000, este último de ahí ya sin freno hasta convertirse en el presidente número 43 de este país.
Los críticos del sistema de asambleas sostienen que es antidemocrático y argumentan que es equivocado que dos estados, sin población ni economías significativas, tengan tanta influencia en el proceso del que eventualmente sale quien tendrá el más poderoso empleo del mundo y quieren que se establezca un solo día a nivel nacional para la votación. Sin embargo, los habitantes de Iowa se niegan a hacerlo, orgullosos de ser los primeros en decidir. Y, después de todo, bien que le sacan provecho: periodistas y políticos descienden en multitudes no sólo sobre Des Moines, la capital, sino por toda la entidad, llenando hoteles, ferias y restaurantes. Su sistema no es perfecto ni predice nada, pero no hay posibilidad de que pronto vaya a cambiar.
twitter@Conce54

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