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Final a la Mexicana

Por Andrés R. Helguera
MEXICO, D.F..- Tal vez yo vea el futbol de manera distinta; quizá me haya convertido en el “Grinch” futbolero; será el sereno, pero a mí la final del Clausura 2015 entre Tigres y Pumas, a diferencia de lo que se ve y vive por estos lares, me dejó un muy mal sabor de boca; ¿goles? Sí; ¿emoción al final?, también; sin embargo, creo que hay que ver más allá del bosque, y no es por amargadito sino por objetividad que les platico lo que se resume del campeonato para los regiomontanos.
La final entre felinos mostró algunas de las peores dolencias del balompié azteca: más miedo a perder que ansias por ganar. Pasan los años y los equipos mexicanos (a cualquier nivel) no aprenden que si hay algo que no saben hacer es defenderse bien y “manejar los resultados”; una cosa es saber que las liguillas suponen ciertos ajustes, pero por más ciencia nuclear que le quieran ver, se trata de meter más goles que el rival, no de evitarlos.
Los Pumas habían llegado casi abucheados por su manera de acceder de milagro al encuentro final, mientras que los Tigres habían desplegado todas sus armas para deshacerse del Toluca. Todo mundo habla de la casi hazaña de los del Pedregal para remar cuesta arriba con tres goles de desventaja; sí es loable que dejaran el pellejo en CU; sin embargo, no piensen en los últimos 12 minutos de la final, sino que debemos contar también los primeros 90.
En el primer partido en el “Volcán”, los Tigres jugaron con todo hacia delante buscando llevarse una buena ventaja a la capital, y mucho los ayudó el planteamiento medroso y especulativo que impuso Memo Vázquez, cortando de tajo el buen juego que habían desplegado los Pumas en la fase regular y decidió meter a sus once jugadores bajo la portería; sin embargo, de muy poco sirvió, porque se llevaron un pesadísimo 3-0 en contra; entonces, ¿qué diablos defendió?
Parecía que la final ya estaba decidida antes del silbatazo inicial del partido de vuelta, peeeeero… no contaban con la “astucia” del Tuca Ferreti, que decidió (igual que Vázquez en la ida) meter el camión atrás. Por supuesto que los Pumas, obligados a sudar sangre para lograr alcanzar y remontar, saldrían con todo, pero el planteamiento del Tuca le cortó las piernas a sus jugadores, no acostumbrados a andar paseando el balón, hacer tiempo y menos defenderse; después del primer gol Puma, el planteamiento no cambió; cayó el segundo y, en vez de modificar, los Tigres se metieron más atrás… y comenzaron a temblar. No conforme, el Tuca metió a otros dos contenciones y el resultado era obvio: llegó el empate; ya no había de otra y los Tigres, hasta comenzar el tiempo extra, salieron como debieron haberlo hecho 90 minutos antes; ¿y qué creen? Los Pumas ya no tenían gas, se echaron para atrás en busca de los penales; se vuelve a ir Tigres adelante y la balanza vuelve a cambiar: los Tigres agazapados y los Pumas a la desesperada y lograr la igualada.
En los penales, ganó el equipo que los tiro mejor; y más allá de las obviedades; si me pidieran mi opinión (y nadie me la va a solicitar), hubiera declarado desierto el campeonato; sin embargo, las reglas dicen que debe haber un campeón. No es que Tigres no lo merezca (reglamentariamente lo consiguió a ley), pero igual resultado hubiera ocurrido si los Pumas le hubieran atinado a los penales. El hecho que primero un equipo salga temeroso en la ida y el otro desperdicie una ventaja de tres goles por adoptar la misma postura del rival indica que vimos una práctica de tiro de un solo lado en cada partido; se le reconoce a Tigres que fue justo campeón y Pumas le echó los kilos (sólo ya por necesidad), pero creo que es como aplaudir que se haya cerrado el pozo después de que el niño ya ahogó.
Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeilar” a: arhg68@gmail.com; prometo responder a todo el o la que se tome el tiempo de hacerlo.

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