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¿En Quién Pones tu Esperanza?

Por Pastor Ana Sweet
En este artículo deseo enseñarte una de las claves más importantes que he aprendido. Una llave que ha abierto muchas puertas en mi vida. Es como la llave maestra que nunca falla, no importa la situación que enfrento. La clave es ésta: Siembra en la gente y Dios te dará la cosecha.
¿Qué significa eso? Tu esperanza debe estar en Dios y nunca en la gente. La Biblia dice que el bien que haces por otros, Dios lo hará por ti. Debes atreverte a sembrar tu tiempo, tus palabras, tu servicio, tus atenciones, tu excelencia, tu diligencia en los demás, pero nunca esperes que esas personas sean las que te den tu cosecha. La cosecha viene de Dios. Y Dios no es injusto para olvidar lo que haces ni tampoco paga mal. Lo que tu hagas por otros debes esperar que Dios lo haga por ti.
Cuando tu esperanza está en la gente, te llenarás de amargura al darte cuenta de que no recompensan tus esfuerzos, no celebran tu trabajo, no te pagan como sientes que te deben pagar, no reconocen todo lo que haces etc. Serás calculador y siempre esperarás que la gente haga algo por ti antes de ofrecer lo que tú puedes dar. No vas a servir hasta que te ofrezcan un pago. No resolverás problemas que no estén en tu contrato. No mostrarás toda tu capacidad de atender porque no quieres que “abusen” y no “te agradezcan” por todo lo que haces. Esa es la actitud equivocada.
Si quieres conocer un sistema divino debes aprender lo siguiente: Dios desea ser la fuente de tu sustento. Ese papel no lo va a negociar con nadie. No quiere que pongas tus ojos en el hombre para recibir tus recompensas. Dios lo quiere hacer. ¿Cómo lo hará? Lo hará por medio de la gente… pero no siempre usará a la gente que tu piensas que debe usar para recompensarte. A veces siembras en alguien pero tu cosecha vendrá de alguien más. Dios es quien moverá a la gente a bendecirte y siempre recompensará tu fidelidad. Quizá hoy estás en un trabajo donde te exigen demasiado, pero todo lo que haces lo haces para agradar a Dios. Llegas temprano para agradar a Dios. Trabajas con integridad, amabilidad, pasión, entrega, fidelidad y lealtad, y honras a la autoridad porque quieres agradar a Dios. No lo haces por el jefe. No lo haces para que te vean. Lo haces porque sabes que tu sustento es Dios y El tiene miles de maneras de recompensarte. Trabajas para Dios y no para la gente; por eso lo haces con excelencia… ¡El siempre te está viendo!
De pronto viene una persona que no tiene nada que ver con tu trabajo y te ofrecen una oportunidad con mucho más ingreso. No entiendes cómo es que pasan las cosas porque todo este tiempo parecía que tu buen trabajo estaba en el “anonimato”. Dios puede causar que alguien te descubra en veinticuatro horas y te dé la cosecha de todo el bien que has sembrado. Dios mueve a la gente de todos los lugares y no está limitado a tu lugar geográfico. ¡Todo lo que haces será recompensado! La clave es que entiendas y aceptes que Dios es tu sustento… y no la gente. Si sabes que es Dios quien te recompensará conforme a la obra de tus manos, entonces nunca te molestarás con la gente para la que trabajas. Porque sabes bien que Dios es a quien sirves y El no paga mal. Si estás enojado con la gente porque no te tratan bien, entonces es urgente que cambies de jefe… ¡Ahora trabaja para Dios! Haz el bien a la gente pero espera tu recompensa de parte de Dios. Tu semilla se siembra en la gente… tu cosecha te la dará Dios.

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