El Camino Peligroso a la Amargura

Por Pastor Ana Sweet

¿Cómo saber que estás en camino a la amargura? Es un camino largo. Nadie llega ahí de un día para otro, pero si no tienes cuidado puedes estar en ese camino y llegar a ese estado donde las pérdidas empiezan. Una vez que llegas a la amargura es muy difícil regresar. Quienes llegan a la amargura pueden tardar años en salir de ahí. La amargura es un lugar de estancamiento en todos los sentidos. Tu potencial se estanca, tu creatividad deja de funcionar. Tus relaciones se ven contaminadas. Tu salud empieza a sufrir y todo lo que tocas se daña. ¡No debes llegar a la amargura! Mi intención es que reconozcas el camino que te lleva a ese lugar y lo evites.
Todo empieza con una ofensa. La ofensa no se convierte en amargura de inmediato. La ofensa puede ser una intersección para escoger dos caminos. Cuando estás en la ofensa puedes escoger el camino del perdón y la reconciliación. O puedes escoger el camino a la amargura. El camino al perdón es un camino corto y no vas solo. Dios irá contigo cada paso hasta llegar a tu destino. Es un camino muy vulnerable y doloroso. Pero al final llegarás a la paz total con otro nivel de sabiduría. Cruzar una ofensa es como experimentar una graduación. ¡Recibes una maestría! Si logras vencer una ofensa, te conviertes en una persona madura, sabia y humilde. Sólo los humildes pueden vencer las ofensas. Cuando llegas al perdón y la reconciliación tu vida nunca será la misma. Sólo cuando vences las ofensas es cuando puedes desarrollar relaciones profundas. Además, el perdón es una semilla que produce una preciosa cosecha de misericordia cuando tú la necesites. Cuando cometas errores, ese perdón que otorgaste, ¡lo recibirás!
Cuando llega la ofensa y eliges el camino a la amargura, empieza una jornada terrible. Para empezar, cae sobre tus ojos una venda que te impide ver tu destino. Sólo ves lo que otros te hacen pero no ves lo que tú estás haciendo. Sabemos que no somos responsables de los actos de los demás, pero sí somos responsables de nuestras reacciones. Cuando vas en camino a la amargura vas con una venda en los ojos. No ves tus errores. No ves tus malas decisiones. Lo único que ves es aquello que te hicieron, sin darte cuenta de que vas rumbo a la destrucción. Cuando tomas ese camino tampoco vas solo, aunque no es Dios quien va contigo. Dios se quedó en el camino del perdón. No irá contigo a la amargura. Pero irás acompañado por los que tienen el morbo de escucharte hablar mal de otros. Te acompañarán los que disfrutan el chisme. Su compañía te ayuda a llegar a tu destino más rápido. Te dirán lo que quieres oír y nunca te quitarán la venda de tus ojos. Lo que no saben ellos es que tú traes una enfermedad contagiosa y les alcanzará. La amargura que está empezando a crecer dentro de ti contaminará a muchos a tu alrededor.
En el camino a la amargura tus palabras magnifican la ofensa. Empiezas a hablar mal. Tus palabras se hacen sarcásticas, cínicas y negativas. El veneno empieza a fluir en tu alma. Aunque deseas que el ofensor sea quien termine destruido, no te das cuenta de que el veneno te está matando a ti. No puedes pensar en nada más que en la ofensa. Tu enfoque se destruye. Tu paz se acaba. Por la venda que traes en tus ojos, empiezas a desarrollar una mentalidad de víctima. Las acciones contra ti son las que ves. Pero tus reacciones equivocadas no las ves ni tomas responsabilidad de ellas. No te das cuenta de que tus reacciones son mucho más destructivas que la ofensa que se cometió contra ti. Entre el chisme, las palabras venenosas y la mentalidad de víctima vas llegando a ese estado de amargura. Una vez que llegas ahí, parece que regresar al camino del perdón es casi imposible.
De la ofensa a la amargura pasa tiempo. No es automático. Pero te suplico que reconozcas rápido cuando te estás acercando a ese estado. ¡Regresa! ¡No sigas! ¡Toma el camino del perdón! Ahí te está esperando Jesús de Nazaret para ayudarte. El perdón te beneficiará a ti mucho más que al ofensor. La amargura te matará a ti, no al ofensor.
Mi querido lector, descubre en qué camino te has metido y vuelve pronto sobre tus pasos al camino correcto… antes de que sea demasiado tarde.

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