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Congresistas sin Cama

Por Concepción Badillo.

WASHINGTON, D.C..- Casi seguro lo que muchos congresistas estadounidenses le pidieron a los Reyes Magos fue una cama, pero no a todos les llegó. Ni siquiera a Paul Ryan el poderoso legislador por Wisconsin, quien a los 45 años es la persona más joven que llega a líder de la mayoría en la Cámara Baja, convirtiéndose así en el segundo en la fila, sólo después del vicepresidente, para ocupar la Oficina Oval si algo le pasa a Obama. Y el primero en esa  posición que prácticamente no tiene donde dormir en Washington.
Ryan, al igual que al menos otros 40 miembros del congreso no tienen casa ni departamento donde vivir aquí, usan sus oficinas en el histórico Capitolio como hotel o residencia. No en balde despúes de la Casa Blanca, es la dirección de más prestigio en el país.
Y no sólo duermen en el suelo sino que su baño diario -o tan frequente como se puede- lo toman en las regaderas colectivas del gimnasio, ubicado pasillos abajo en el sótano del edificio símbolo del poderío de este país.
Se desconoce exactamente cuantos son los diputados que se ahorran la renta y trabajan y viven ahí, pero se sabe que son más de tres docenas, en su mayoría varones, pero al menos una mujer, la republicana por Dakota del sur Kristi Noem, llaman a su oficina “mi hogar”.
Las oficinas del Capitolio tienen retrete y lavabo privados y el gobierno las provee con sillas, escritorio, a veces mesa y archiveros y con suerte un sofá. De modo que cada uno de los congresistas que desean dormir ahí debe conseguir su propio catre o algunos cojines. Ventanas en muchos casos no hay y closets desde luego tampoco, pero uno ganchos colgados sobre la puerta sirven de armario.
La mayoría de estos legisladores que optan por no invertir en una cama, lo hacen por motivos económicos, ya que los gastos de vivir en Washington son por su cuenta. A diferencia de otros países, aquí los congresistas se limitan a su sueldo, que es de 174 mil dólares anuales, unos 3.5 millones de pesos. Pero muchos argumentan que tienen familia y casa que mantener en sus lugares de origen, además de colegiaturas, hipotecas y automóviles por pagar.
De hecho, casi ningún miembro del Congreso trae consigo a su familia a esta ciudad. Las rentas en el Distrito de Columbia y su alrededores les parecen sumamente caras, comparadas con el resto del país. Un departamento miniatura en las zonas aledañas al Capitolio no se puede conseguir por menos de dos mil dólares al mes. Pero más que por dinero, muchos de los legisladores que optan por acampar en el suelo de su oficina lo hacen no sólo por ahorro, sino por imagen, para no parecer que ya son parte del Washington que tanto dijeron que venían a cambiar. Y, en algunos casos, por convicción política, ya que son conservadores que se oponen al exceso en el gasto y quieren poner el ejemplo.
Algunos congresistas rentan una casa entre varios, otros alquilan sólo un cuarto y no falta quienes viven en botes o lanchas anclados a orillas del río Potomac. Pero quienes trabajan y duermen en el Capitolio dicen que tiene sus ventajas, ya que nunca llegan tarde y se ahorran el transporte, además de que tienen vecinos con quienes platicar, pues muchos de ellos no tienen amigos ni parientes aquí.
En todo caso los miembros del Congreso por lo general no tienen que estar en Washington más de dos o tres noches por semana, ya que generalmente las votaciones se agendan de martes a jueves y de todos modos por tradición pasan los fines de semana en sus distritos electorales, donde por ley tienen que pasar al menos cinco días de cada mes para que no pierdan el contacto con sus representados.
Durante 2016 la Cámara Baja sólo tendrá actividad 83 días, por lo que muchos se niegan a pagar las otras 282 noches que no estarán aquí. Pero, según reportes de prensa, no todos sus conciudadanos están de acuerdo con que los legisladores se pongan pijama, coman y duerman en su oficina y hay quienes están reclamando que al menos paguen por la luz y el agua que consumen fuera del horario laboral.
Esta tendencia de ahorrase la vivienda no es nada nuevo y tampoco es exclusiva de un partido. Hay legisladores republicanos y demócratas que lo han hecho por años; desgraciadamente, la camaradería nocturna bipartidista no se extiende una vez que la bata y las pantuflas quedan atrás.
twitter@Conce54

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