Chillones

¿Sabe cuándo podremos decir que el racismo ha comenzado a ser cosa del pasado en Estados Unidos? Cuando grupos hispanos, por ejemplo, dejen de poner el grito en el cielo porque Bill Richardson prefirió no aceptar la Secretaría de Comercio.

Si el gobernador de Nuevo México iba a ser el mejor de todos los secretarios de Comercio que jamás ha tenido el país, entonces sí creería eso de que el haberle dicho no al cargo fue un revés para la comunidad hispana. ¿Pero sabe qué? También lo habría sido para las comunidades negras, blancas, amarillas y demás colores; vaya, para el resto del pueblo estadounidenses y, de hecho, hasta para aquellos habitantes de países que son o pretenden ser socios comerciales de los gringos. Y es que, digo, al menos así es como lo deberíamos ver si efectivamente queremos vivir en un país en el que todos somos iguales, ¿no?

¡Ya basta, hombre! ¿Qué importa si el secretario de esto o de aquello es blanco o negro, hombre o mujer, latino o indígena, chino o japonés? Lo único que debe importar es que sea una persona calificada para desempeñar el cargo al que se le elige o designa.

“Los hispanos ahora tendremos a sólo dos de los nuestros dentro del gabinete de Obama”, lloraron algunos medios en español tan pronto se anunció la decisión de Richardson.

¿Y?…, pregunto yo. ¿Acaso somos más o menos dependiendo de cuántos de “los nuestros” están metidos en la política de este país? Si a esas vamos, vietnamitas, esquimales, aborígenes, isleños, pieles rojas, pelirrojos, sordos, tuertos, pecosos y gangosos, entre muchos, muchos otros más, han de sentirse auténticos ceros a la izquierda, ya que, a reserva de que usted sepa algo diferente, no están siendo representados en la política.

¿Cree usted que los gay ahora son más que antes tras la designación de una lesbiana al frente de la oficina de la Casa Blanca encargada de temas ambientales?

Mire usted; que un latino llegue a ser secretario, gobernador o senador sin duda es motivo de orgullo, pero nada más. Nuestro problema, para variar, es que siempre esperamos más.

A mí por eso me cayó muy bien lo que dijo Ken Salazar apenas unos días después de que ganara un escaño en el senado en 2004. “Soy el nuevo senador de los coloradenses y punto…”. Y es que a Salazar, tan pronto salió victorioso, le comenzaron a llover llamadas de grupos hispanos de Arizona, Texas y quién sabe cuántos estados más, que creyeron que con él en el Senado todo sería de color rosa… y mexicano.

* * *

Es lamentable ver imágenes de niños palestinos que han muerto tras los ataques israelíes a Gaza. ¡Pobres criaturas! Los infelices de Hamás los utilizan como escudos humanos, primero, y luego como material propagandista. Y es que el grupo terrorista sabe perfectamente que muchos medios de comunicación por alguna extraña razón a su vez impulsan lo que parece ser una propaganda abiertamente antisemita.

Cuando los ataques en Bombay, por ejemplo, el instinto de los fotógrafos curiosamente desapareció. No recuerdo haber visto una sola fotografía de las ensangrentadas víctimas de los terroristas. Por otro lado, supongo que nadie ha de haber salido a las calles a protestar quemando banderas de Pakistán, de donde presuntamente son los atacantes, ya que tampoco vi imágenes de eso.

Lo que sí recuerdo es haber visto fotografías de los terroristas con sus ametralladoras en mano. Así, tal y como las portaba Rambo o uno que otro héroe de guerra en las películas de Hollywood.

Share