¡Aquí Sudáfrica!

¡Ya llegó! ¡Ya está aquí¡ ¡Finalmente el fútbol apareció! Como dijimos la semana anterior, en la última ronda de grupos y al finalizar la etapa de octavos aparecieron los partidos emocionantes, las resoluciones de alarido y las polémicas de siempre, que le dan ese saborcito tan especial al deporte más comercial… perdón, más popular del orbe. Para algunos, ese sabor puede ser amargo (ni se apuren, los mexicanos ya estamos curtidos), pero para otros la victoria es tan dulce como la mejor de las mieles.
Los ilusos piensan que las “distancias se han acortado” entre las potencias y los cuadros chicos porque Italia, Francia e Inglaterra se fueron temprano a regar sus jardines y en cuartos de final hay dos que tres colados. La realidad es otra: se ha jugado muy mal este Mundial; sí, con mucho ímpetu, con suficiente corazón para no dejarse vencer ni siquiera por las aturdidoras vuvuzelas; sin embargo, cada jugador ha intentado alcanzar la gloria por sí solo, algo que incluso se le ha pegado a los propios árbitros, que han montado su propia versión “saramágica” de “Ensayo de la ceguera”.
La razón es tan simple como el agua: el Mundial es el escaparate de los equipos importantes de Europa, la oportunidad para que la cartera cargue algo más que el ticket del bus y un par de dolarucos, y ello ha repercutido en que cada futbolista busque disparar al arco aunque esté en el tiro de esquina. Obviamente no estamos hablando de los Cristianos Ronaldos o los Lioneles Messi, que ya tienen asegurados como cinco futuros para no preocuparse. Por cierto, ¿saben por qué le dicen a Cristiano Ronaldo “El Triatlonista”? …porque mucho correr, mucha bicicleta y nada, nada, nada. Algunos conseguirán su objetivo; otros, ni modo, a regresar a sus clubes cuentachiles de siempre.
Contrario a ediciones recientes; bueno, pa’ pronto, desde 1930 no había cuatro equipos sudamericanos colocados en los cuartos de final, aunque sobrevivían tres europeos de alto calibre y un huerfanito africano. Para la siguiente edición ya sabremos quiénes protagonizarán la gran final, ¿serán los mismos de siempre o alguno más se inscribirá en la lista VIP de los campeones del mundo? De entrada, felicidad por el torneo de uruguayos, paraguayos, brasileños y argentinos, que llevaron la magia latinoamericana a Sudáfrica. Lástima por chilenos, hondureños y mexicanos que se quedaron en el camino. Para fortuna nuestra, los jugadores lograron dominar al salvaje Jabulani antes de terminar el torneo; y hablando de la fauna sudafricana, a los cinco grandes (león, leopardo, elefante, rinoceronte y búfalo) se les unió un sexto que irrumpió en tierras africanas: el oso. Ahí está el arquero Green de Inglaterra, el portero Chouchi de Argelia, el guardameta Villar de Paraguay, los árbitros en el partido que gusten… ¡ah! y el Oso-rio de México. De puro coraje, mejor me voy por las chelas.

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