Acelerados

No siempre hay que tomarse tan en serio aquello de que no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.

Ya llegará el momento de exigirle a Barack Obama que rinda cuentas. Pronto, quienes votaron por él podrán pasarle sus facturas y a quienes se les hicieron promesas les pido paciencia; a partir de hoy tiene aún 98 días para presentar su propuesta de reforma migratoria, por ejemplo.

Deberíamos darle a don Barack, y de hecho también al país, aunque sea un tiempito para celebrar y reflexionar sobre lo que acaba de ocurrir. Lo dije tan pronto ganó las elecciones de noviembre pasado y lo repito en esta ocasión: pongamos nuestras diferencias políticas a un lado y festejemos lo que hemos tenido la buena fortuna de presenciar en vida.

La llegada a la Casa Blanca de quien por definición es auténticamente un afro-estadounidense es sin duda un importante hecho en la historia de Estados Unidos.

No hace mucho tiempo, según reportes, desde donde vieron más de dos millones de personas la toma de posición de Obama, el paisaje eran cárceles para esclavos africanos. Incluso, muchos de esos mismos esclavos negros construyeron la misma casa que desde el martes los Obama convirtieron en su hogar.

Créame cuando le digo que de generación en generación se contarán historias y anécdotas de quienes presenciaron la ceremonia de este 20 de enero de 2009, así haya sido soportando las gélidas temperaturas de la capital o a través de un televisor desde la comodidad de su hogar. Créame también que en las aulas de las escuelas del futuro, nuestros nietos, bisnietos y demás estudiarán lo que trascendió hace apenas un par de días como la culminación, quizá, de un sueño anunciado no hace más de cinco décadas.

Y es precisamente por eso, entre muchas cosas más, por las que habría de permitírsele al nuevo presidente que goce de uno o dos días más de luna de miel.

No es por nada, pero Rush Limbaugh, Glen Beck y Michael Savage, entre otros acérrimos críticos del 44 presidente, debieron haberse tomado libre el martes. Ese día fue de fiesta., y la labor de los medios, en mi opinión, era la de cubrir el magno evento y compartir hechos y datos, de preferencia curiosos, en torno a ésta e inauguraciones pasadas.

Las críticas el martes debieron haberse limitado, cuando mucho, al color del vestido de doña Mitchell.

Para todo hay tiempo, y en cuatro años Obama sin duda dará mucho de qué hablar y escribir. Tan pronto ordene el cierre de Guantánamo, comience con la redistribución de riquezas y con la repartidera de casi $800 mil millones de dólares para proyectos “verdes”, por mencionar algo de lo que podemos esperar, entonces sí, luz verde para subrayar aciertos, señalar errores, analizar, opinar, saborear.

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