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¿Se imagina el dilema para CNN si de repente otro policía blanco le disparara a un joven negro desarmado?

Abril 02, 2014

¿Se imagina el dilema para CNN si de repente otro policía blanco le disparara a un joven negro desarmado? Aunque lo más probable es que para la cadena noticiosa esto equivaldría a ganarse la lotería, ya que ahora sí no tendría que reportear por varios meses.
La interrogante es ¿cuántas vueltas se le pueden dar al mismo asunto sin aburrir a los televidentes? Digo, cuántos ángulos puede tener una noticia antes de que deje de ser precisamente algo noticioso y pase a ser algo extremadamente tedioso, chocante y aburrido.
Espero estar equivocado, pero me imagino que cuando ocurre algo tan horripilante como el avionazo en los Alpes franceses, en la redacción de CNN y otros medios por igual han de escucharse dos o tres “high fives” entre quienes saben que no tendrán que trabajar tan duro para llenar sus espacios noticiosos.
Voy a atreverme a bautizar esto como “el síndrome 9/11”.
Horas y horas de cobertura con las mismas imágenes aterradoras para ilustrar el análisis de incontables expertos en campos que ni sabíamos que existían. En el caso del avionazo de la aerolínea Germanwings, lo nuevo, hasta el día que escribía estas líneas, tenía algo que ver con la vista del copiloto suicida. Y. como puede ver, el problema de que medios le den vueltas y vueltas y vueltas al mismo asunto es que aun quienes deseamos permanecer informados preferimos mejor ver repeticiones de “The Big Bang Theory” a canales noticiosos que repiten lo mismo hora tras hora.
¿Qué relación tiene la vista del copiloto con el hecho de que presuntamente sus problemas mentales eran tales que fue capaz de llevar a cabo tal abominación? Temo que jamás lo sabré, al menos no gracias a CNN, porque me niego a ver ese canal mientras todo siga siendo sobre el vuelo 9525. Me dicen que la cadena que dice ser la líder mundial de noticias ya está igual que el noticiero del mexicano Joaquín López Dóriga.
* * *
Se puso buena la plática en el gimnasio sobre lo que ocurre en el estado de Indiana en torno a la ley de libertad religiosa, que grupos a favor de los derechos de homosexuales consideran abre la puerta a la discriminación contra gays. La ley, como la interpreto, simplemente le da el derecho al dueño de un negocio a negarle servicio a quien quiera si estima que atenderlo va en contra de sus creencias religiosas. Es el caso de la pastelería en Colorado que se negó a hacerle un pastel de bodas a una pareja del mismo sexo, citando, precisamente, creencias religiosas.
Mi posición no le va a gustar a muchos, ya que incluso voy más allá de derechos religiosos. En mi opinión, si decidiera negarle una membresía a mi gimnasio a todo hombre o mujer de ojo azul, por ejemplo, no creo que ninguna ley deba castigarme. Moralmente estaría equivocado y con sobrada razón cualquiera podría acusarme de racismo, pero mi estupidez e insensatez no debería ser considerada un delito, ninguna ley debería obligarme a aceptar a los güeros en mi gimnasio y mucho menos tendrían porque meterme a la cárcel por negarles mi servicios. Insisto, si soy un antigüero o anti ojo azul, ya el mismo mercado se encargará de castigarme. Tan pronto se enteren los rubios de que no son bienvenidos, más tardarán en quejarse que mi gimnasio en irse a la bancarrota.
Que quede claro que odio la discriminación y todo aquel que discrimina a una persona en base a raza, nacionalidad, género, religión u orientación sexual. Sin embargo, insisto en que el gobierno y las autoridades no tienen porque meter sus narices en las políticas de empresas privadas. Estoy de acuerdo en el establecimiento de regulaciones sobre seguridad, impuestos, códigos ambientales y demás. Pero a quiénes contratan o quienes le venden u ofrecen servicios, eso debe ser decisión total del dueño del negocio. Si el restaurante Hooters decide no contratarme como mesero porque lo más probable es que no me vea muy bien con los diminutos shorts anaranjados o la playera entallada, pues créame que está en su derecho.
Por cierto, espero que ninguna ley jamás obligue a Hooters a contratar hombres como meseros.

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